viernes, 15 de julio de 2011

CADI CÁTEDRA ABIERTA DE DISCAPACIDAD E INCLUSIÓN


Adjunta: Lic. Mirta Raspante

Tenemos el agrado de presentar la Cátedra Abierta de Discapacidad e Inclusión, creada en 2010 por Fundación Holismo de Educación, Salud y Acción Social, Buenos Aires, Argentina, para responder a la gran demanda del público en general y de docentes y profesionales en particular acerca de temas tales como estado actual de las discapacidades, su definición y su tratamiento, la situación real de la aceptación de la diversidad en las diversas culturas y sobre todo en la actual cultura global digital, las diferencias entre integración e inclusión y la verdadera posibilidad de su puesta en práctica.

Intenta ser un grupo de pensamiento reflexivo y creativo desde todo punto de vista, por ejemplo social, antropológico, pedagógico, médico, psicológico, arquitectónico, jurídico, económico, publicitario. Dispone de un Consejo Consultivo Internacional (*) conformado por figuras relevantes de diversos países y actualmente se encuentra abocada a la conformación del Consejo Consultivo nacional. Antecedentes, objetivos y propuestas pueden leerse en  www.holismo.org.ar/cadipres.html
  
v     Con el objetivo de trabajar en interacción y en red, propone generar un espacio para la disciplina Discapacidad e Inclusión enUniversidades y Terciarios sin límites geográficos, con un Programa de Contenidos (de hasta 60 horas reloj) que abarca todos los aspectos relacionados. Para ello produce y pone a disposición Seminarios, Jornadas, Talleres, Materia de grado o de postgrado, adecuándose a diferentes públicos (profesionales, docentes, asociaciones de personas con discapacidad y de familiares de personas con discapacidad, público en general etc.).

v     Como agente de enriquecimiento y multiplicación, Universidades y Terciarios que deseen incorporar la disciplina Discapacidad e Inclusión designarán su Profesor Adjunto local. Desde su Universidad o Terciario, también los estudiantes podrán actuar en calidad de Auxiliares de Cátedra.

v     La CADI organizará por otra parte diversos cursos y seminarios de menor duración, en que presentará temáticas parciales incluidas dentro de su Programa de Contenidos general. Instituciones educativas, de la salud y de la acción social podrán convocar a los docentes de la CADI para que dicten dichos cursos y seminarios en sus sedes, en cualquier lugar geográfico.

v     A instituciones interesadas (Universidades, Terciarios, instituciones dedicadas a la discapacidad, etc.), la CADI ofrecerá formación de sus profesionales y docentes, así como supervisión multidisciplinaria, en su propia sede en cualquier lugar geográfico, con el ritmo a convenir en cada caso.

(*) Consejo Consultivo Internacional (abril 2011): Prof. Dr. Dr. h.c. Reinhart Lempp (Alemania) - Prof. Dra. Ursula Pixa-Kettner (Alemania) - Prof. Marga Cañadas Pérez (España) - Prof. Dra. Matilde Mueller Zaidweber (Chile) – Prof. Mag. Stefan Germany (Austria)
  
Universidades, Terciarios y demás instituciones pueden tomar contacto con
Fundación Holismo de Educación, Salud y Acción Social (Buenos Aires, Argentina)
www.holismo.org.ar  -  Facebook - LinkedIn

escribiendo a  cadi@holismo.org.ar  o llamando
- desde Argentina:  011-4791-2905
- desde otros países: 0054-11-4791-2905

miércoles, 13 de julio de 2011

“Actualizaciones en Clínica Psicopedagógica”


Colegio de Psicopedagogos
 de la Provincia de La Pampa
 




5 y 6 de agosto encuentro con Lic. Liliana Bin[1]
2 y 3 de septiembre encuentro con Mg. Liliana Fonseca[2]
30 de septiembre y 1 de octubre  encuentro con Lic. Marta Caballero[3]
SEDE SANTA ROSA

Objetivos

Generales:
·       Proveer conocimientos actualizados para la comprensión multicausal del trastorno de aprendizaje.
·       Desarrollar la capacidad clínica para la correlación de técnicas en el abordaje diagnóstico individual.
·       Propiciar el diseño del abordaje terapéutico de acuerdo a todas las variables intervinientes en la etiología del trastorno.

Particulares:
·       Profundizar en el conocimiento de nuevas estrategias diagnósticas.
·        Ofrecer recursos terapéuticos actualizados para el tratamiento de los  trastornos del aprendizaje.


CONTENIDOS ANALÍTICOS:
 

Módulo 1: Paradigmas actuales acerca del desarrollo y del aprendizaje
·        Modelo Multidimensional.  Biopsicopedagogía. Resiliencia biológica y subjetividad.
·        Pilares de la resiliencia.   Postmodernidad y aprendizaje.
·        Déficits neurológicos estructurales y funcionales.  Neuroplasticidad y neuroresiliencia.  Periodos críticos.  Funciones corticales superiores.  Cognición social.
·        Concepto de Desarrollo. Clasificación de los trastornos del desarrollo  Trastornos de aprendizaje.   Factores extrínsecos e intrínsecos.

Módulo 2: Evaluación de los trastornos del aprendizaje.
·        Consideraciones generales acerca del diagnóstico psicopedagógico.  Aspectos neuropsicológicos.
·        Evaluación de la inteligencia según la escala de Wechsler:  Wisc IV, Wppsi III
·        Diagnóstico de las funciones ejecutivas y de las memorias.
·        Gnosias y Praxias: recursos para su evaluación.

Módulo 3: Evaluación de los aspectos pedagógicos en el diagnóstico de los trastornos del aprendizaje.
·        Producción escrita.  Comprensión del lenguaje oral.  Comprensión de textos.  LEE y PROLEC-R. 
·        Evaluación del procesamiento numérico (transcodificaciones), del cálculo mental y escrito y de la resolución de problemas aritméticos.  Pro-cálculo y Wrat 3.

Módulo 4: Tratamiento de los trastornos del aprendizaje
·        Tratamiento psicopedagógico: establecimiento de objetivos, encuadre, recursos y logros. Etapas del tratamiento psicopedagógico. Intervenciones grupales. El lugar de la familia y la escuela.  Necesidad de interconsultas.
·        Abordaje terapéutico de las funciones ejecutivas, gnosias, praxias y memorias.
·        Estrategias de intervención para el trabajo con la comprensión lectora y la producción escrita.
·        Aportes del cognitivismo y la neuropsicología para el tratamiento de las dificultades aritméticas.  Juego y contenido curricular: su imbricación y selección.  Intervenciones para las dificultades en la adquisición de las matemáticas y los distintos tipos de discalculia.


Destinatarios:

Psicopedagogos y Psicólogos educacionales.

INFORMACIÓN:

Las clases se llevarán a cabo bajo el siguiente cronograma


Día y mes
Horario
Profesor
5 y 6 de agosto
 5/8:   9 a 17 hs.
 6/8:   9 a 13 hs.
Lic.Liliana Bin.
2 y 3 de septiembre
 2/9:   9 a 17 hs.
 3/9:   9 a 13 hs.
Mg. Liliana Fonseca
30 de septiembre y 1 de octubre
30/9:  9  a 17 hs.
 1/10:  9 a 13 hs.
Lic. Marta Caballero


Al finalizar cada jornada se presentará un trabajo práctico en el que los alumnos deberán, a través de la reflexión en grupos pequeños responder un cuestionario guía.

Como en anteriores ocasiones se está tramitando el aval respectivo, por lo cual este cronograma puede estar sujeto a modificaciones.


PREINSCRIPCIÓN:

La preinscripción se realizará por vía mail al correo: actualizacionesenclinica@cpplp.org.ar una vez recibido la confirmación de la recepción de los datos adjuntos.


Aranceles:

Matriculado inscriptos antes del 30 de Junio

$ 600
Matriculado

$ 680
No Matriculado

$ 780

Consultar por formas de pago.



[1] Coordinadora del equipo de Psicopedagogía, Principal del Servicio de Clínicas Interdisciplinarias del Hosp. Juan P. Garrahan,  desde 1989.
[2] Magíster en Psicología Cognitiva y Aprendizaje UAM Octubre del 2008. Magíster en Psicología Cognitiva y Aprendizaje FLACSO marzo del 2009,Tesis de Maestría LEE Test de lectura y escritura en español: Su validez discriminante como instrumento de evaluación de las alteraciones de los procesos de lectura y escritura en niños.Licenciada en Psicopedagogía. 1998 USAL.   
[3] Coordinadora del Equipo de Psicopedagogía Hospital de Niños R. Gutiérrez desde 1980.

sábado, 9 de julio de 2011

Niños desafiantes. Por Beatriz Janin.


PSICOLOGIA DEL “MALEDUCADO”

Pagina 12. 18/5/2011

Niños desafiantes

Son esos niños a los que se atribuía “mala conducta” o “mala educación”; hoy algunos los rotulan como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista”. La autora sostiene que esa conducta “abarca problemáticas muy diferentes”, y la vincula con determinaciones familiares y sociales.

Por Beatriz Janin *
“Alan tiene siete años. No respeta las reglas de la escuela, contradice a la maestra, desafía a las autoridades. Debe tener un problema orgánico. ¿No necesitará medicación?” “Pedro tiene cuatro años; discute todo lo que se le dice, se pelea con los otros chicos y se enoja cuando se lo reta. Se tira al suelo cuando se le niega algo que quiere. Nos dijeron que consultemos a un neurólogo.” “Juan tiene cinco años. Se niega a hacer lo que se le pide, dice a los gritos que no quiere obedecer y trata de imponer su voluntad todo el tiempo. Lo retamos, le pegamos y le ponemos penitencias, pero cada vez es peor. ¿Qué podemos hacer?” Y una escena en la calle: La mamá: “Cuando hablo con otro adulto no me interrumpas”. El nene, de cinco años (en el mismo tono de voz autoritario): “Y vos contestame cuando yo te hago una pregunta”. La mamá: “Me estás desafiando”. El niño: “Y vos me estás desafiando a mí”.
Son niños a los que antes se les adjudicaba “mala conducta” o “mala educación”. Algunos de estos niños fueron rotulados por diversos profesionales como “síndrome de déficit de atención con hiperactividad”. Otros, como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista desafiante”, una nueva clasificación que circula por los ámbitos de la salud y la educación. Otro “trastorno de época” con una supuesta “solución” de época. Así, algunos niños a los que se les pone este sello son medicados con antipsicóticos en dosis leves, para mejorar su conducta.
Nuevamente, como en el caso del trastorno por déficit de atención, nos encontramos con la descripción de una conducta frecuente en nuestra cultura, frente a la cual se arma una clasificación psiquiátrica y se supone un remedio mágico.
Por consiguiente, es una nominación que suele abarcar patologías y problemáticas muy diferentes. Desde las respuestas impulsivas y agresivas de un niño que siente que su psiquismo estalla frente a las exigencias del mundo, hasta las dificultades de otro que no tolera las normas: todos son ubicados del mismo modo. A la vez, es frecuente que estos niños susciten la hostilidad de los adultos. Es decir, no se lo piensa como una conducta que suscita preguntas, que dice algo, sino como algo a acallar. Consideradas como un cuadro psicopatológico o como respuesta a una educación permisiva, las conductas de los niños que se oponen a las reglas escolares y familiares se piensan como algo a silenciar más que como un llamado a escuchar.
Pero el comportamiento transgresor y desafiante de los niños de hoy no tiene que ver necesariamente con una falta de castigos o con actitudes demasiado permisivas de los padres. Sucede que los adultos presentan dificultades para sostener las diferencias niño-adulto, no pueden ser garantes de un futuro mejor y esperan que los niños los sostengan narcisísticamente. Así, generan actitudes y respuestas frente a las que luego se violentan. A estos niños se los ha imbuido de un poder omnímodo. Son los mismos adultos los que los han convencido de que son seres poderosos, de que deben cumplir ya con todo lo esperado y de que este cumplimiento les traerá satisfacciones inmediatas.
¿A qué se oponen los niños? ¿A qué se niegan? ¿Qué desafío está en juego? ¿Qué nos están diciendo con tanto “negativismo”? Es frecuente que los niños de hoy traten a los adultos como pares e intenten imponer su voluntad a toda costa. Pero hay determinaciones sociales, familiares e individuales que debemos tener en cuenta en la producción de estas conductas, que suelen denunciar dificultades en la estructuración narcisista.
Al considerar el comportamiento como algo estático, un trastorno que el niño trae y que es atemporal, no se toma en cuenta su sufrimiento. Estos niños, a su vez, suelen desmentir el dolor, justamente porque suponen que tienen que funcionar como poderosos y que si se muestran débiles quedan a merced de un tirano. Generalmente son sancionados, castigados, expulsados, lo que refuerza la idea de un mundo hostil y arbitrario.
Lo que aparece como conducta oposicionista-desafiante o negativista-desafiante puede responder a múltiples determinaciones, en las cuales tienen peso tanto el medio social como el familiar, así como el modo particular en que ese niño tramita sus vivencias.
Algunos niños no hay podido constituir ligazones que operen como inhibidoras del desborde pulsional y quedan a merced de la insistencia pulsional en una pura descarga. El otro fracasa como aquel que contiene y calma y el niño queda solo en un estado de enfrentamiento con todos, suponiendo que los otros son causa de su malestar. Esto suele confundirse con un funcionamiento “oposicionista”.
Así, un niño de diez años que insultaba a las maestras, le pegaba a la madre, totalmente desbordado por cualquier situación en la que tuviera que esperar su turno o ceder frente a otro, fue diagnosticado como trastorno negativista desafiante. En ese diagnóstico primó una idea de clasificar, sin dar cuenta de los mecanismos productores de sus desbordes. Estos se desencadenaban cuando aparecía una situación en la que se le presentificaba la idea de ser aniquilado o expulsado violentamente por el otro, lo cual lo llevaba a estados de desesperación donde las urgencias se transformaban en irrefrenables. La desesperación se incrementaba en el vínculo con adultos que se ubicaban como impotentes frente a los ataques del niño.

Oposición o dependencia

En tanto el niño teme depender del otro porque no lo considera seguro y supone que va a quedar a merced de él, de sus idas y venidas, el mostrarse autosuficiente y negarse a obedecerlo puede ser el modo en que intenta sostener un armado narcisista precario. En algunos niños, dominar al otro, someterlo a la propia voluntad, parece ser la única satisfacción posible. Ya no es la satisfacción erótica en el vínculo con el otro, el placer en la realización del deseo, sino el placer en el dominio del otro como objeto. Hay niños que se unifican en el “no” como modo de ser, como protección, porque si no se sienten arrasados por el avance intrusivo del otro. La dificultad radica en que pierden la percepción de sus deseos (algunos no la tuvieron nunca) y lo único que desean es oponerse al deseo del otro (lo que delata la dependencia). Al abroquelarse en el “no”, éste funciona como organizador que les permite sostenerse como diferentes.
Este funcionamiento suele traer dificultades para sublimar. Así, en lugar del juego o de actividades creativas estos niños buscan el poder por sobre todas las cosas. Ser el jefe de la banda es lo único importante.
El “no” formulado como “no quiero” implica tanto la posibilidad de poner coto al avasallamiento del otro como de reafirmar la autonomía. Los padres de un niño de cuatro años consultaron porque el chico regulaba todos los movimientos de la casa. Si él se oponía, no podían salir a pasear o a comer afuera: cuando no se hacía lo que él quería, respondía con escándalos. Podermos preguntarnos: ¿qué quería? Quizá dominar a los otros para no darse cuenta de que eran personas autónomas, separadas de él, situación que, cuando se hacía evidente, le acarreaba muchísimo sufrimiento. A la vez, estos padres se ubicaban en una lucha de poder con el niño, repitiendo con él la batalla cotidiana con un mundo vivido como demasiado exigente.
Depender de otro supone que uno puede perderlo. Estos niños intentan desmentir toda dependencia para evitar toda pérdida. Puede ocurrir que un niño tenga terror al abandono y desmienta por eso la necesidad de ese otro. Pero el resultado es que el objeto se le torna incontrolable, la separación no puede ser eternamente desmentida y permanentemente reciben heridas insoportables, en tanto esperan una fusión imposible.
Así, un niño que, por pegar a los otros niños y desafiar a los docentes, estaba a punto de ser expulsado del jardín de infantes, trae a las sesiones su sensación de injusticia, de no ser escuchado por los maestros, de quedar como culpable de todas las situaciones de un modo arbitrario. Está muy enojado con el mundo. Le propongo jugar a que él es el psicólogo. Acepta y juego a ser una niña que les pega a todos y a la que retan todo el tiempo. Yo voy diciendo lo que siento, lo injustos que son conmigo, cómo ninguno me escucha y cómo me dejan sola, y él va pasando de ser un adulto implacable, que sólo me reta, a transformarse en un director de escuela que dice: “Yo te creo; voy a ir con vos al recreo a ver lo que pasa, y si te molestan yo te defiendo”. Esta variación de posición en el juego le permitió ir modificando su lugar en el jardín, sintiendo que los adultos podían escucharlo y defenderlo. Pudo empezar a mostrar sus miedos, sus debilidades, y soportar la indefensión frente a los adultos.
Muchas veces la desmentida de la dependencia está sostenida por los adultos, que ubican al niño como todopoderoso frente a adultos impotentes. Lo que podemos denominar “idealización de la infancia” es uno de los factores sociales que inciden en las dificultades de los niños de hoy.
Los padres de una niña de tres años afirmaban que la niña era “terrible” y que en la casa rompía todo. Al relatar un episodio en que la niña había roto la mesada de la cocina, le adjudicaban una fuerza que no tenía. De este modo, la niña quedaba entrampada entre un poder omnímodo y ser la culpable de todo lo que ocurría, cuando era obvio que la mesada estaba quebrada desde antes y ella sólo había puesto de manifiesto ese quiebre. La niña –curiosa, con un lenguaje muy desarrollado y un excelente nivel de juego dramático– no obedecía y se enojaba frente a cualquier negativa a sus deseos. ¿Cómo iba a obedecer a adultos que se mostraban más débiles que ella? Una consecuencia era la confusión respecto de sus propias posibilidades y un estado de desesperación, del que intentaba salir a través del desafío.
* Directora de la Carrera de Posgrado de Psicoanálisis con Niños, APBA-UCES. Texto extractado del libro El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva (ed. Noveduc).

Pediatras en alerta. Por Eva Giberti.


“VIOLENCIAS ANTIGUAS Y VIOLENCIAS ACTUALES CONTRA NIÑOS Y NIÑAS”

Página 12. 19/5/2011

“Sintetizo diversas prácticas violentas históricamente instaladas y enuncio algunas nuevas que enumeré pensando en las decisiones que actualmente deben asumir los pediatras”, explica la autora de este artículo.

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Por Eva Giberti *
Las violencias habituales que Occidente arrastra interminablemente resultan de la omisión o deficiente aplicación de políticas públicas y sociales destinadas a la prevención, asistencia y erradicación de la pobreza extrema y sus derivados que impiden educación, salud, vivienda, entre otras carencias; también forman parte de las violencias habituales el desconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos que sobrellevan púberes y adolescentes, así como las violencias culturales que padecen los niños transgéneros.
Sintetizo diversas prácticas violentas históricamente instaladas y enuncio algunas nuevas que enumeré pensando en las decisiones que actualmente deben asumir los pediatras, si bien los delitos contra la integridad sexual como la trata de personas que involucra a miles de niñas y adolescentes y la explotación sexual que compromete a otras tantas no formaran parte de la cotidianidad de todos los consultorios. En cambio, el consumo de sustancias psicoactivas asociadas con los delitos que acabo de mencionar no son infrecuentes en las consultas que se atienden en zonas del conurbano. La necesidad de consumir esas sustancias de-semboca reiteradamente en la explotación sexual comercial de niños y niñas que los pediatras atienden en las salitas barriales o ingresando en áreas villeras. Este comercio depende de adultos que incluyen con cierta frecuencia a familiares de los chicos.
Si, cumpliendo con la ley, los pediatras denunciaran a los rufianes de las niñas, ya que en oportunidades pueden localizarlos entre los miembros de la familia, puede suceder que la niña no vuelva a la consulta o que el pediatra, si trabaja en zona peligrosa, sea atacado.
Este fenómeno no es ajeno al mismo cuerpo de delitos que se encuentran en zonas urbanas clasificadas como pudientes, con otras características: no encontramos explotación sexual comercial, pero sí incestos y violaciones, que no añaden novedad a lo históricamente conocido. Lo que existe es consumo de sustancias psicoactivas inducidas prioritariamente por otros niños o niñas. La circulación de sustancias entre púberes y adolescentes forma parte de un fenómeno que el pediatra encuentra en cualquier consultorio e instaura el dilema ético respecto del secreto profesional: ¿advertir a los padres? Estos, aun estando presentes en la consulta, pueden no haber asumido que el hijo consume, pero el pediatra puede sospecharlo. Se denomina situación de riesgo, diferenciándolo del peligro. El chico está en peligro, pero lo asume como riesgo personal. Y si el pediatra conoce la Convención de los Derechos del Niño que tiene rango de Constitución Nacional se encuentra con el artículo 16: “Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, etc., ni de ataques ilegales a su honra y reputación”. O sea, no intervenir si el niño no quiere que el tema se mencione.
Este artículo de la Convención ha sido mal digerido por incontables adultos, quienes afirman que “ellos no les revisan sus cosas a sus hijos”, pero en la segunda parte del artículo 14 la Convención es clarísima: “Los Estados partes respetarán los derechos y deberes de los padres y en su caso, de sus representantes legales de guiar al niño en el ejercicio de su derecho, de modo conforme a la evalución de sus facultades”.
Es el pediatra el que se hace cargo de la sospecha del consumo, en tanto y en cuando se encuentra incluido en las violencias que el consumo y sus dealers desencadenan contra los chicos y las niñas.

Golpear o defensa de derechos

La cita de la Convención no es casual, porque su aparición en 1989 marcó un paradigma de la Modernidad al implementar jurídicamente los derechos de niños y de niñas, oponiéndose al paradigma tradicional que autorizaba a golpear y maltratar a los chicos, “para educarlos” o porque los adultos necesitaban hacerlo para ejercer su autoridad. El antiguo paradigma cae y se instala el que corresponde a los derechos del niño. Por paradigma entenderé “un conjunto de ideas o situaciones que reflejan algún tipo de peculiaridad”. Los paradigmas no sólo informan a nuestros pensamientos, también orientan nuestras percepciones y experiencias de la vida. Cuando una civilización se desplaza de un paradigma a otro se produce un cambio que compromete la esencia misma de nuestra vida y representa mucho más que un cambio de ideas. Junto con el paradigma que incluye los derechos de los niños surgieron los nuevos estilos paradigmáticos de los medios de comunicación, junto con la informática y la globalización. Ya no se pudo negar la violencia –internacionalmente reconocida– contra niños y niñas, violencias naturalizadas u ocultadas como los abusos sexuales, los incestos, las negligencias, los golpes y castigos feroces, aquello que “siempre fue así”, según la clasificación del imaginario social.
Sin embargo, ante las evidencias cotidianas de criaturas saturadas por los malos tratos y los abusos víctimas de pobrezas extremas, de enfermedades, infecciones, víctimas de pornografía y de tráfico (a veces con el argumento de la adopción), debemos asumir el fracaso de la puesta en acto de la Convención en tanto y cuanto instrumento que se esperaba fuese eficaz en los hechos y no solamente en la declaración de sus principios. Afirmación que relativizo debido a los permanentes esfuerzos de los organismos internacionales para resolver estas catástrofes que desembocan sobre el territorio de las niñeces.
Debemos añadir que ahora son los niños y niñas, inducidas por el ejemplo que los adultos proveemos quienes se filman a sí mismos violando a un compañero en un baño de la escuela o niñas que se suben a Youtube en intentos de ejercicios pornográficos, solitarias o acompañadas. O sea, la victimización recreada por sus protagonistas que se suponen dueñas y dueños de la situación y se desconocen como víctimas de un proceso cultural/moral y estético.

Modernidad no equivale a modernización

Cuando el paradigma transforma en denuncia las violencias contra los niños estamos en un paradigma de la Modernidad, diferenciándose del antiguo modelo que admitía las violencias como correctivas. Es decir, estábamos con el Viejo Modelo educativo O con los Derechos del Niño que es lo que propicia la Modernidad. Un modelo en lugar del otro. Pero ya no es así. U. Beck lo plantea claramente: en la Modernización, que no es equivalente a Modernidad, se producen ambas cosas a la vez. Es una estrategia aditiva, de suma y complementación: ejercer violencia contra los niños y niñas Y al mismo tiempo proponer la Convención de los Derechos del Niño. Lo cual constituye un Nuevo paradigma, propio de la Modernización, derivado de la Modernidad. La conjunción Y une lo que debió mantenerse separado; una vez que apareció la Convención quedaba a la vista “basta de violencia contra los chicos”, porque era la violencia antigua O los Derechos del Niño. Parecería que se hubiesen elegido los derechos del niño, pero las evidencias demuestran que no es así, porque las violencias contra ellos arrecian a la par de las reuniones internacionales en defensa de sus derechos.

El paradigma emergente

Podemos hablar del surgimiento de un paradigma emergente que es el que reconoce la realidad. El paradigma emergente se caracteriza porque reclama que nosotros logremos una nueva perspectiva que incluye una modificación de conciencia, mirándonos a nosotros mismos y advirtiendo lo que está pasando, escuchando las declaraciones internacionales, y las políticas de entrecasa, porque son necesarias. Pero no alcanzan. Parecería necesario reconocer la articulación conjuntiva que la Y propone como tránsito entre dos estilos culturales.
El cambio que propone el paradigma emergente reside en la posibilidad de resistirse a las repeticiones de frases, de quejas y de asombros ante lo que está sucediendo, empezando por reconocer la infinita soledad en que crecen niños y niñas desde muy temprano. Por ausencia o carencia de figuras tutelares. Parecería que es insuficiente el acompañamiento amoroso que precisa el desarrollo neuronal de los primeros tiempos de la vida y entonces los niños acuñan soledades y terrores por ausencia de adultos continentes. Es posible pensar que de este modo se facilita la aparición de personalidades borderlines y narcisistas carentes de empatía con los otros. O sea, algunas de las que priorizan los códigos violentos de la convivencia.
La idea de familia en la actualidad no responde a lo que nos enseñaron “debía ser”, aunque continúa persistiendo como necesidad básica del sujeto. Lo anticipé cuando escribí el libro Hijos del rock que de este modo adquiere actualidad. Será inútil pretender que vuelva a ser lo que nos contaron que era, salvando excepciones. Los padres actuales (generalización impropia) viven expuestos a situaciones traumáticas, algunos consumen sustancias y psicofármacos automedicados en busca de alivios, y estamos autorizadas a pensar que los hijos acumulan durante su desarrollo el estrés parental que registran (dicho sea simbólicamente). Lo que podría conducirlos a incorporar sin matices, priorizando lo excesivo de las situaciones habituales por las que atraviesan, sin contar con las defensas psicológicas adecuadas.

Terminar con los lugares comunes, repitiendo lo mismo

El paradigma emergente que mencioné como surgimiento de un modelo que un conjunto de filósofos actuales describe solicita sustituir la irritación, la desesperanza y la inmovilidad por un propósito esperanzador de cooperación en lugar de la autoridad centralizada. No se trata de reiterar las preocupaciones acerca de los chicos, sino confiar más en uno/a mismo/a, lo que significa resistirse a repetir los lugares comunes, dando cabida a los nuevos criterios que representan las nuevas realidades: hijos de la fertilización asistida, las madres lesbianas, las familias gays y un particular modo que tienen los niños y las niñas actuales de entender la autoridad de los adultos. Novedades que resultan ser violencias para nuestras maneras tradicionales de pensar y que, al desconcertarnos, nos irritan. El desconcierto de los adultos, por ejemplo ante el manejo de las nuevas técnicas informáticas, por parte de niños, niñas y adolescentes, genera un clima violento en relación con innumerables adultos, a los que les “sacan ventaja” cotidianamente. Comprobamos que hay maneras de vivir y estar en el mundo que no coinciden ni con lo que creíamos saber ni con lo que todos elegiríamos.
Al habernos trasladado desde un paradigma hacia otro, desde la Modernidad hasta la Modernización, los golpes contra los chicos O la Convención de los Derechos del Niño hemos transitado al Y. Es decir, la Convención Y la violencia contra los niños. Ensambladas. Nos sentimos absolutamente incómodos. Es el clima que están registrando los pediatras por ser quienes están en el inicio, los que develan aquello que están atendiendo de una manera distinta, desde otra preocupación.
El fenómeno demanda un cambio de conciencia, no una manera de juzgar y criticar. Lo que significa una revisión ética y personal sobre sí mismo cuando no sabemos qué hacer con las lesbianas que se instalan como dos madres y a los hijos de fertilización asistida a los que han empezado a decirles que en su concepción intervino un señor que no sabemos quién es. Y a quien el niño se parecerá cuando crezca.
Ahora tenemos que yugular las distintas formas de violencia sabiendo que estamos involucrados en los que les sucede a los chicos; porque estamos profundamente interconectados con la gestación de esas violencias puesto que el cambio ha incluido prácticas violentas contra los niños de diferentes modos. Sin duda alguna, hay que oponerse y los pediatras son protagonistas privilegiados, pero sin pretender que todo vuelva a ser como antes. Porque aquel tiempo de antes ya partió. Se trata de una mirada alejada de la imbecilidad que insiste en hablar de “la niñez” sin cotizar las violencias que les imponemos.
En la intersección de familias con características propias, de escuelas exprimidas por el conflicto laboral cotidiano y de niños testigos y aprendices de lo que les mostramos, los pediatras se mueven como un salvoconducto para estos niños y niñas mientras los acompañan. Es un quehacer distinto porque no había sido ésa la pretensión inicial de la pediatría. Pienso que ahora es así como sucede.
* Comentarios para la IX Jornada Metropolitana de Pediatría, abril de 2011. Tema: Violencias antiguas y violencias actuales contra niños y niñas.